RC Deportivo: Riazor ya no tiene hinchada, tiene clientes en silencio

Hay un fantasma que recorre la grada de Riazor y no viste de blanquiazul, sino de trajes a medida y hojas de balance. Lo vivido en el Trofeo Teresa Herrera no fue una fiesta del fútbol ni un síntoma de salud institucional; fue una puesta en escena perfectamente calculada para contentar a los despachos. Una fotografía de portada diseñada por asesores donde las cifras de asistencia sirven para esconder una verdad incómoda, el RC Deportivo está mutando de club de fútbol a parque temático de plástico.

A la propiedad le estorba la pasión. Le estorba la hinchada que exige, que siente, que protesta cuando las cosas van mal. Por eso celebran el silencio. Prefieren una masa clientelar variopinta y de paso, dispuesta a pagar entradas a precio de Champions por un espectáculo de categoría inferior, antes que un estadio vivo que recuerde quién ha sido y qué debe ser este club. Han cambiado a la grada que empujaba por un escaparate de muñecos alineados. entran, consumen, pagan y callan.

El plan es redondo, pero únicamente en términos monetarios. Las desorbitadas subidas en los abonos no responden a un proyecto deportivo ambicioso ni a la confección de una plantilla galáctica; responden a la necesidad de Abanca de recuperar rápidamente sus créditos con intereses. Cada carnet renovado a precio de oro, cada ingreso atípico por televisión o merchandising es miel sobre hojuelas para el balance del banco, mientras al aficionado de a pie se le vende la moto de un modelo «autosuficiente». Nos dijeron que el club no era viable sin ellos, pero lo que realmente no parecía viable era gestionar una entidad centenaria sin arrebatarle el corazón a su gente.

Intentar apagar el descontento social con subidas de precios, manipulación de datos y amagos de censura es pretender apagar un incendio arrojándole gasolina. Si la pelota no entra y la calidad del juego sigue siendo una broma de mal gusto, la brecha entre el presidente y la afición terminará por saltar por los aires, ya no habrá olas, sino tempestades. Porque se puede comprar el cemento de Riazor, pero el alma de los deportivistas jamás ha tenido ni tendrá precio de saldo.

Nada se deja al azar. Que el Trofeo fuese televisado por TVE no es casualidad, sino el peso de un patrocinador como Abanca: ya se sabe que el dinero exige silencio y aborrece el ruido. Por suerte, el fútbol es implacable: hoy ganas y sacas pecho, pero a los siete días pierdes y te lo hunden. Menos mal que el deportivismo siempre tiene a mano el bálsamo perfecto para sanar cualquier herida. ¿Y Escotet? Sentidiño

Foto Twitter GradaPro

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