La Vuelta, Gaza y la hipocresía política

@gonzalogsoto

Me gusta darle vueltas a las cosas, pero si hay algo que me da pereza, es el lío. Y vaya lío. En España, el conflicto está tan presente como los callos de bodegas Dobao los domingos. No importa si la ocasión es una crisis sanitaria, un evento deportivo o la entrega de un premio. Los políticos, con una facilidad pasmosa, encuentran en cada esquina un motivo para iniciar una nueva guerra dialéctica, apoyados por los titulares de los medios de comunicación de cabecera.

En esta ocasión, la Vuelta Ciclista a España ha sido el escenario de un nuevo capítulo de este serial dramático. Isabel Díaz Ayuso, cuál Juana de Arco con la Tizona en una mano y la bandera de España en la otra, arremetió contra Pedro Sánchez, al tiempo que se hacía una fotografía semejándose más a Juana la Loca que a Juana de Arco, con el equipo de ciclismo Israel-Premier Tech. ¿La acusación? Ni más ni menos que la de ser el «cerebro en la sombra» detrás de unos manifestantes propalestinos que paralizaron la carrera. ¡Qué oportuno! Mientras el mundo se desangra por el genocidio en Gaza, la política española se da el lujo de usar el dolor ajeno para un par de titulares y unos cuantos votos.

Resulta irónico, pero no sorprendente, ver cómo cada suceso se polariza de manera tan absurda. Por un lado, Ayuso acusa al Gobierno de instrumentalizar un conflicto humanitario, mientras ella misma desvía el foco de la verdadera tragedia que se vive en Gaza. La política, con su infinita capacidad para colarse en cada rincón, incluso en el mundo deportivo, se viste de oportunismo para ganar una batalla mediática. El trasfondo es el de siempre, unos no quieren perder el mando del poder, y los otros están encolerizados por no tenerlo.

Dicen los sesudos del periodismo, que quienes nos dedicamos al mundo de la información, que debemos ser asépticos y neutrales, informadores sin camiseta. ¡Manda carallo! En un país donde la mayoría de quienes defienden la «libertad de opinión» están posicionados por un mendrugo de pan, la hipocresía mediática es un espectáculo diario, que nos está robado la virginidad de la honestidad periodística.

Podré estar de acuerdo o no con los incidentes de la Vuelta, pero mi postura es clara e innegociable, estoy totalmente en contra del genocidio de Gaza, donde los menores, lo único que conocen es el ruido de las bombas y el hambre. ¿Cuántos miles de personas tendrán que morir para que se pare de una puta vez el genocidio? Como católico y practicante, me avergüenza que en un país de tradición católica como España, algunos defiendan a Israel únicamente por su ideario político o económico. Estos cínicos se ponen de perfil por los votos y luego, con la cara más dura que el cemento, van a misa a comulgar. Me pregunto si no lo hacen porque su conciencia está, sencillamente, llena de chapapote.

Reproduzco lo que ha dicho ayer el Papa León XIV: Hambre y guerra, el grito de los niños inocentes

León XIV se fija en el dolor colectivo de las poblaciones que, «aplastadas por el peso de la violencia, el hambre y la guerra, imploran la paz». Un grito que nos compromete «a rezar y a actuar, para que cese toda violencia y los que sufren encuentren la serenidad» y compromete «ante todo a Dios, cuyo corazón se estremece de compasión, a venir a su Reino».

El verdadero consuelo que debemos ser capaces de transmitir es mostrar que la paz es posible, y que germina en cada uno de nosotros si no la sofocamos. Que los responsables de las naciones escuchen de manera especial el grito de tantos niños inocentes, para garantizarles un futuro que los proteja y los consuele.

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