Viaje al YunkaiI. El Marruecos del siglo XXI de ‘no-ficción’.

Escritor y cronista gastronómico

De mis diez viajes a África, una vez entré por Nairobi, en Kenya; otra, por Melilla; el resto, por Ceuta; y esta última, accedí a este ‘continente negro’ en un viaje a Marruecos por Tánger.
Esta última es una ciudad impresionante, porque han construido el Pueblo Español, y el Pueblo Norteamericano de modo que realzan la fealdad del entorno y convierte en un lujo de ciudad y puerto lo que antes era miseria.
Ceuta, Melilla y Tánger es lo único que se salva del norte de África, a ojos vista de un europeo. El resto es una «porquería». Hay muy pocas zonas muy bien cuidadas en Marruecos, como por ejemplo Tánger, Ifrane, Xauen, pero si sacas el pie de esos tiestos aislados y bien tratados para el turismo, lo que ves es suciedad, plásticos, basura acumulada en las calles y viviendas que podíamos denominar de la Edad Media, porque son infraviviendas de barro y paja, y techo de barro y latas, chapas de metal. Animales sueltos, perros y gatos abandonados.
Tengo buen conocimiento de Marruecos y me encanta el Mediterráneo marroquí, el que va de Ceuta a Melilla y llega a Nador, donde estuve el pasado año 2024, hasta la frontera con Argelia.
En esta ocasión, mi entrada a África es por Tánger ‘la ciudad de los espías de los años cuarenta y cincuenta’ y bajé en línea recta por el ventoso y bravo Océano Atlántico, adentrándome por Fez, Meknés, Tetuán, Xauen…, hasta llegar a Marrakech, y de ahí continuar a las puertas del desierto de Erfoud, con el objetivo de contemplar la mágica ciudad de arcilla roja e imponentes murallas y medinas que forman el ksar de Ait Ben Haddou, mágico lugar de cine, nunca mejor dicho.
Nos alojamos en el medio del desierto en jaimas de lujo; cabalgamos sobre los lomos de los dromedarios, por la arena del Sáhara; hicimos una etapa del Rally París Dakar, emulando la última que se realizó, hace años, en este grandísimo desierto; paseamos en calesa de caballos, como si fuéramos los sultanes por la exótica Marrakech de las serpientes cobra bailarinas; asistimos 1.200 personas a una gran cena de lujo bereber en el palacio de Alí Chez y su palmeral, con la famosa caballería y fusiles de La Corrida de la Pólvora; y nos bañamos en todas las piscinas de lujo de los hoteles en los que íbamos pernoctando, noche tras noche.
Pero mi sueño era llegar a Ait Ben Haddou, que es una ciudad fortificada (ksar) en Marruecos que deslumbra por su arquitectura de barro y su rica historia, sirviendo como parada de caravanas en la Ruta de las Kasbahs. Su belleza ha sido inmortalizada en el cine, y su paisaje árido, salpicado de palmeras y la vida que se aferra al margen del río Ounila, contrasta con la monumentalidad de las construcciones de adobe.
Un viaje aquí es una experiencia para los sentidos, un paseo por el tiempo y un encuentro con la tradición bereber.
Es un portal a otro tiempo.

El viaje a Ait Ben Haddou es una inmersión en el pasado. Al llegar, la vista de la ksar en la colina se impone, una fortaleza de adobe que se levanta entre la aridez del paisaje. Es un lugar donde la historia se respira en cada rincón, desde el primer contacto hasta el último atardecer.
Sentí la vida en la orilla del Ounila, que atravesé por su cauce seco para entrar a vivir la medina, la ciudad del siglo XI.
A pesar de ser un paisaje árido, la ksar se asienta junto al río Ounila, lo que le confiere una vitalidad única. Los palmerales y huertos que rodean la fortaleza contrastan con las rocas y el desierto, creando un paisaje de una belleza sobrecogedora.
Entre el cine y la historia: La ksar ha sido escenario de muchas películas, pero su verdadera historia es aún más fascinante. Es un lugar que ha visto pasar caravanas de camellos y que hoy sigue fascinando a sus visitantes con su arquitectura única.
Estoy en la época de las Cruzadas Cristianas viviendo Historia pura, pero veo a los marroquíes pobretones, sin gafas ni dientes, y vuelvo a la realidad del siglo XXI.
Las inestabilidades internas de Marruecos, muchas, siempre tienen su reflejo en las relaciones con España, el vecino débil y acomplejado. El majzen y su cabeza, el rey, acuden al nacionalismo y a la miseria de su pueblo para utilizarlos en sus propósitos, sean jóvenes, niños o mujeres. La mujer es aquí una sumisión al hombre. Como en toda tiranía, la válvula de escape es la emigración, legal o ilegal, en barco, ferry, patera o avión.
España no tiene mal cartel en el norte de Marruecos a pesar de sus errores constantes; España no, sino sus políticos siempre han abandonado a sus antiguos protegidos de su antiguo Protectorado del norte de Marruecos. Ahora hemos humillado a los saharauis que llegaron a tener DNI de España. Apenas dos años después de la independencia, consintió de manera cómplice la represión contra los rifeños, pero ya no podía España meter mano aquí. Eran independientes bajo la bota de Mohamed V.
España abandonó a los suyos, en el año pasado 2024, sin consultar a los españoles ni saharauis en referéndum por su destino, ya que somos, según la ONU, los depositarios de las vidas de los saharauis del antiguo Sáhara Español. Una tradición que España democrática no ha querido subsanar y que ahora paga a un altísimo precio. Para salvar el sillón político de muy pocos.
Para Hollywood, Marruecos siempre fue un lugar exótico y, como tal, escenario perfecto para películas de aventuras y, especialmente, de cine negro. Por supuesto, en la mayor parte de esas películas, el Marruecos que se mostraba al público era de cartón piedra, construido en los estudios americanos.
Y ahí fuí a sumergirme en los escenarios reales donde se han rodado películas maravillosas.
En Ouarzazate, conocida como el «Hollywood de África», se han rodado innumerables películas, como Gladiator, La momia, El Reino de los Cielos, Juego de Tronos, Aladdín, Black Hawk derribado, Cleopatra, El Príncipe de Persia, Lawrence de Arabia, La joya del Nilo y muchas más. Estas producciones aprovechan los estudios de cine de Atlas Studios, Qué recorrí y los impresionantes decorados naturales de la zona, como la Kasbah, Ksar de Ait Ben Haddou. Gladiator y Juego de Tronos me entusiasmaron en su estreno, y me siguen fascinando.
Vuelvo a Europa con la imagen de un Marruecos que cuanto más al sur más miserable es con la idea de que España dejó una gran influencia positiva entre los que ahora ya rozan más de 60 años y con la esperanza de que todos los emigrantes de Marruecos hacía España vengan de forma legal como siempre fue durante toda la vida hasta el año 1975, año en el que volvió a implantarse el esclavismo, con la mafia de tráfico de seres humanos, del continente africano hacia Europa, a través de los catorce kilómetros que separan el Estrecho de Gibraltar.

¡VIAJAR ES VIVIR PARA DISFRUTAR Y RECORDAR TODA LA VIDA!
SUKRAM (Gracias).

Comparte éste artículo
No hay comentarios