El «polialcalde» de Lugo: Tantos títulos, con la gestión en «stand-by»

Miguel Fernández, el Alcalde de Lugo, ha forjado una impresionante carrera… en coleccionar cargos. No se conforma con el bastón de mando municipal; su currículum es una sinfonía de responsabilidades: Diputado Provincial, Secretario General del PSOE de Lugo, flamante Presidente del Eixo Atlántico, y miembro clave de los comités provinciales y autonómicos del PSOE de Galicia, por mencionar solo las medallas más visibles.

Desde su ascenso a la Alcaldía, el Sr. Fernández ha demostrado una insaciable sed por las designaciones, con la reciente presidencia del Eixo Atlántico como la cereza de este pastel de compromisos. Dirige el PSOE local y ocupa diversos puestos en la estructura del partido. Sin embargo, en un giro tan predecible como una novela de política local, muchos de estos puestos parecen ser de estricta representación. Y, seamos sinceros, la Alcaldía empieza a seguir el mismo camino: la ciudadanía capta la melodía de «todo buenas palabras, pero hechos… ¿dónde están?» una vieja táctica que ya vimos en sus etapas al frente de las áreas de rural o deportes.

Su permanencia en la Diputación, de la que ha intentado escapar en varias ocasiones, se debe a una suerte de anclaje estratégico. Se queda, no por deseo, sino para engrosar las filas del sector que busca hacerle contrapeso a Tomé. La dirección del partido en la ciudad, por su parte, tuvo que ser ocupada con una prontitud casi cómica, buscando evitar problemas internos, aunque ni eso detuvo las recientes escaramuzas con el intento de movimiento de silla a la concejala Ángeles Novo.

El famoso refrán nunca fue tan literal: «Mucho abarcar y poco apretar» es el lema no oficial de una gestión municipal que lidia con un goteo diario de problemas. El área de Personal es un pozo sin fondo, donde la única estrategia parece ser la de «dejar pasar el tiempo y huir hacia adelante», mientras el sindicato CCOO es quien, en la práctica, marca la hoja de ruta. UGT, por su parte, se encuentra en una difícil posición de equilibrista, atrapada entre su cercanía interna a los socialistas, y a la dura realidad incontestable de la situación.

Los Servicios Sociales representan una losa importante, evidenciada por la palpable tensión entre la concejala Olga López y varias trabajadoras sociales. A esto se suma el errático anuncio de cese total del comité de acoso del Ayuntamiento, ignorando olímpicamente que una parte de sus miembros es elegida por la representación sindical. La desbandada de concejales de la zona rural y la parálisis en múltiples departamentos son solo algunas de las múltiples problemáticas de Fernández, que parece incapaz de hacerse con el dominio de la situación, o quizás, ni siquiera está intentándolo.

El susurro del 2027

La realidad es que Miguel Fernández no solo no se consolida, sino que parece huir ante cada problema serio, gestionando el día a día a base de actos puntuales y poco más. La pregunta que flota en el aire es inevitable y puramente retórica: ¿Esta estrategia de «gestión por omisión» le bastará para tener opciones en 2027?

Fuentes internas del Ayuntamiento describen la relación dentro del gobierno municipal como un campo de minas. La cohesión es nula, los ediles de cada uno de los dos partidos del bigobierno operan por libre, y los egos campan a sus anchas. Mientras tanto, en el ala nacionalista, el teniente de alcalde Arroxo está librando su propia batalla de los tres frentes, intentando desesperadamente delimitar su terreno. Su vida política se ha convertido en un pressing catch constante: Sufre la crítica habitual del implacable Jesús Vázquez de la Federación de Veciños, cuyo descontento es ya parte del paisaje urbano. Y por si no fuera suficiente, CCOO se ha sumado a la gresca de manera beligerante, aportando una dosis extra de adrenalina y mala prensa. Ahora, Arroxo tiene que esquivar no solo vecinos sino también pancartas enfadadas.

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