Entre el «adiós» de Repetto y el silencio de los corderos en la Diputación, el PSOE de Lugo se convierte en un club donde la ideología ha sido sustituida por el sagrado derecho a la nómina de fin de mes.
Dicen que la política es el arte de lo posible, pero en el socialismo lucense es, más bien, el arte de la supervivencia textil: el trapo se está rompiendo a jirones y, mientras la tela aguante, nadie quiere ser el primero en quedarse a la intemperie.
La sombra de José Tomé es alargada, tanto que llega a los despachos de la Diputación con la frescura de quien sabe que allí no se mueve un papel sin su visto bueno. La famosa «Operación Tomé» se ha cerrado como se cierran las cosas en esta casa: en falso, con un portazo y mucho silencio.
Resulta fascinante observar la metamorfosis de los cuadros socialistas en el Pazo de San Marcos. Entran con ideas y salen como corderitos perfectamente adestrados. El «Boss» ordena, el «Boss» manda, y el resto se dedica a balar al unísono. No vaya a ser que el pastor se levante con el pie izquierdo y a alguien se le acabe el pasto antes de tiempo. La consigna es clara: «Ojo con que se enfade el jefe, que hace frío fuera del presupuesto».
La soledad de Miguel Fernández y el «pluriempleo» de Repetto
Mientras tanto, en el Concello, el alcalde Miguel Fernández asiste al espectáculo con la cara de quien ve cómo se llevan los muebles del salón mientras él todavía paga la hipoteca. Lo de Mauricio Repetto renunciando a la exclusividad es el colmo del cinismo político: ahora quiere compatibilizar el Ayuntamiento con «sus cosas», una forma elegante de decir que el proyecto de Fernández le importa lo mismo que el tiempo que haga en Sebastopol.
La nómina como único pegamento
Al final, lo que queda del socialismo en Lugo es un grupo de gente agarrada al boletín oficial como si fuera un clavo ardiendo. La jefa de Gabinete, Olga Louzao, o la Penélope del Concello, intenta tejer algo con una lana que ya no existe, mientras la concejala Olga López mira de reojo la salida de emergencia.
En este escenario de desbandada, solo hay una certeza: mientras haya sueldo a fin de mes, el trapo seguirá rasgándose, pero nadie soltará su pedazo. Lugo puede esperar; la cuenta bancaria, no.