El día después. Hidalgo leyó el «libro de instrucciones» para jugar en Ceuta: Tres puntos.

Hidalgo parece haber leido en el avión durante el viaje a Ceuta, el famoso «libro de instrucciones» que tanto le urgía para no descarrilar. Y, siendo sinceros, el Deportivo ganó, sumó tres puntos que valen su peso en oro y, por una vez, todo parece ir «miel sobre hojuelas».

En Segunda División, el fútbol se divide en dos tipos de personas: los que viven de la suma de puntos y los «craneotecos» del balompié, esos expertos de laboratorio que intentan adornar con lecciones magistrales lo que no deja pasar de ser una carnicería competitiva. Que nadie se engañe: el objetivo del Dépor no es el juego preciosista, ni la posesión estéril, ni las filigranas de domingo tarde. El objetivo del Deportivo, es el ascenso. Punto.

Pensar en otra cosa es vivir en el mundo de los ilusos. Para estar arriba, hay que ganar hasta cuando el partido sea un «atrancazo» insufrible, hasta cuando el césped sea un patatal o el árbitro esté en contra. ¿Que nos gusta ver buen fútbol? Por supuesto, y si ganamos jugando bien, mejor que mejor. Pero seamos honestos: dentro de una semana, nadie se acordará de si el pase fue de seda o de hormigón, lo único que quedará en la memoria colectiva es la posición en la tabla.

Lo de Ceuta fue un ejercicio de supervivencia necesario, porque en esta categoría, el que pierde el tren del ascenso se queda esperando en el andén durante años, viendo cómo otros se llevan la gloria. Hidalgo ha entendido que, si quiere devolver a este Club al lugar donde le corresponde, tiene que empezar a sumar de tres en tres, independientemente de quién sea el rival o qué tan brillante sea el juego.

A los «craneotecos» les dejamos el análisis de los espacios y la triangulación; a la afición, lo que realmente le quita el sueño: los tres puntos en la saca y la mirada puesta en el siguiente obstáculo. Porque, al final, el fútbol se escribe con resultados, y los resultados, cuando son victorias, siempre son bonitos.

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