La situación en el campo cacereño ha llegado a un punto crítico. Somos Cáceres ha alzado la voz para exigir al Gobierno central la aprobación inmediata de un Real Decreto contra la especulación, acompañado de rebajas fiscales y ayudas directas que eviten la quiebra técnica de cientos de explotaciones agrarias en la provincia.
Cristina Redondo, portavoz agraria de la formación, ha denunciado el incremento fulminante de los costes de producción —especialmente en el gasóleo agrícola y los fertilizantes— coincidiendo con el momento clave de las labores de abonado en la provincia.
El factor geopolítico como «excusa especulativa»
Desde Somos Cáceres vinculan esta escalada de precios al inicio de las hostilidades con Irán y el consiguiente cierre del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, la formación política es tajante: estas subidas no responden únicamente a la escasez, sino a un «comportamiento especulativo» por parte de las empresas suministradoras que buscan maximizar beneficios a costa de la inestabilidad internacional.
«El sector agrario de la provincia de Cáceres llega a esta campaña extremadamente tensionado. No hay margen para absorber otro sobreesfuerzo sin comprometer la rentabilidad y la supervivencia de nuestras explotaciones»«, manifiesta Redondo.
Un plan de choque en tres ejes
Ante la gravedad de los hechos, la Comisión Agraria de Somos Cáceres propone tres medidas urgentes para blindar al sector:
- Decreto Antiespeculación: Un marco legal que impida que las suministradoras inflen precios de manera injustificada aprovechando contextos de conflicto bélico.
- Bajada drástica de impuestos: Exigen una reducción fiscal inmediata para evitar que la Administración incremente su recaudación gracias a la subida de los precios de los insumos.
- Ayudas directas provinciales: Puesta en marcha de fondos directos para los agricultores de la provincia de Cáceres que permitan paliar las pérdidas y evitar el cierre de negocios familiares.
Con esta ofensiva, Somos Cáceres se sitúa al lado de los productores locales, exigiendo que el campo no sea, una vez más, el pagano de las crisis geopolíticas y la ambición de los grandes mercados de suministros.