Alcalde de Lugo, Miguel Fernández: crónica de un naufraigo con la maleta hecha

Corren días de mucho ruido y pocas nueces en el consistorio lucense. Miguel Fernández habita hoy una Alcaldía que se parece más a un islote desierto que a un centro de mando. El hombre está solo, sin peso político que mueva la aguja y con unos apoyos internos que caben en una taza de vino y todavía sobra espacio. A estas alturas, que le presentasen una moción de censura no sería un castigo, sería una obra de caridad cristiana para él… y un descanso para la ciudad, que ya tiene bastante con lo suyo.

Si miramos a los lados, el paisaje no mejora. Su lugartenente, Olga Louzao, pasa por los despachos sin pena ni gloria; una gestión tan discreta que para valorarla habría que usar la imaginación, porque lo que es realidad, no hay ninguna. Del equipo de gobierno solo le queda el hombro de Jorge Bustos, aunque las malas lenguas —que en Lugo nunca duermen— ya dicen que más que un apoyo, es el que está calentando en la banda para el relevo.

El resto del «elenco» parece salido de una feria donde cada uno vende su mercancía:

  • Ana Abelleira camina por libre con la bendición de Lara Méndez. Mientras tanto, Olga López, entre cuitas personales y despistes, no sabe muy bien en qué bando pedir la vez.
  • Mauricio Repetto va por su cuenta, como quien pasea por el Parque de la Milagrosa sin mirar atrás. Con los suyos no se entiende, pero con los de fuera ya hay quien dice que se saludan con mucha alegría.
  • Ángeles Novo y Waldir Sinistierra están en esa fase de «ver pasar el entierro»: esperan con paciencia benedictina que acabe la legislatura para volver a sus oficios, que por lo visto tienen más futuro que el coche oficial.

La cosa está tan floja que hasta uno de los asesores anduvo estos días preguntando en el mundo empresarial si había alguna vacante. Ya se sabe: cuando los ratones preguntan por el precio de los botes salvavidas, es que el naufragio está al caer. Mes arriba, mes abajo, la maleta ya está hecha.

Es una estampa paupérrima para la capital del Miño. Ver a gente que cobra de los impuestos de los lucenses riéndose por detrás de unos eslóganes en camisetas… en fin, un despropósito. Cuesta abajo y sin frenos, y lo que es peor, con la sensación de que el último que salga ni siquiera va a apagar la luz.

¿Tiene sentido que Lugo aguante un año más este simulacro de gobierno? Mientras tanto, en el BNG las aguas no bajan tan transparentes como quieren hacer creer. Ya están afilando el pico para poner a Olalla Rodil en el tablero, pero ese es otro cantar que merece su propio capítulo.

Como decimos por aquí: Para que las cosas vayan bien, primero tienen que dejar de ir mal”. Y de momento, lo que sobra es ironía y lo que falta es alguien al timón.

Comparte éste artículo
No hay comentarios