Por las ferias de Portomarín y Quiroga se juega un derbi político donde el Medio Rural y la Diputación intentan golear a base de fotos, mientras sus protagonistas parecen soñar con un vaso de agua.
Si el fútbol se midiera por la intensidad de las agendas, este domingo la provincia de Lugo habría ganado la Champions. Sobre el terreno de juego, la Consellería do Medio Rural y la Deputación de Lugo han desplegado a sus mejores delanteros, intentando colar goles de propaganda subliminal cocinados en sus respectivos departamentos de prensa. Pero, a tenor de las imágenes, más de uno terminó pidiendo la hora antes de tiempo.
Los «abstemios» en la barra de la fiesta
Cuesta imaginar a pesos pesados como Martín Alemparte (Medio Rural) o Pablo Rivera Capón (Deputación) moviéndose entre alambiques y barricas con la disciplina de un cartujo. Dicen las malas lenguas que son tan «abstemios» como aquel Pepe Botella de los libros de historia, pero la política es un deporte de riesgo: están en tantos lugares a la vez que, por pura inercia —o por cortesía obligada—, el traguito acaba cayendo.
Y claro, el alcohol no entiende de rangos ni de siglas. A juzgar por las fotografías que circulan de la jornada, a más de uno los efluvios le han pasado factura. Ya saben lo que dicen: una imagen vale más que mil palabras, y las instantáneas de hoy de Alemparte, Rivera Capón son, cuanto menos, reveladoras.
El «oficinista de bomberos» en la viña
En algunas caras se leía un «¡Joer, qué hago yo aquí!» digno de un poema existencialista. Especialmente llamativo es el caso de quienes han saltado de gestionar emergencias y bomberos a ser los máximos responsables de la alimentación y el agro. Hay un trecho largo entre apagar fuegos y catar aguardientes, pero la política en Galicia da para todo: lo mismo te firma un decreto que te inaugura una feria con la mirada un poco «fastidiada» por el sol (o por el Mencía).
Al final, mientras los jefes de prensa intentan vender la «excelencia del producto», las fotos delatan la realidad del domingo: un despliegue de rostros cansados que, entre brindis y brindis, parecen recordar que el lunes llega pronto y las resacas —políticas y de las otras— no perdonan.