La Transición traicionada: cuando la democracia se convirtió en un botín para los políticos

Hay días en los que el peso de la realidad exige echar la vista atrás, no por nostalgia, sino por pura dignidad. Pertenezco a una generación a la que nadie le regaló nada. Somos los que, siendo jóvenes, pusimos el cuerpo y corrimos delante de los grises en las calles. No lo hacíamos por ningún partido ni por ninguna medalla; lo hacíamos porque soñábamos con la libertad. Soñábamos con que los políticos que tomaran el timón de aquella España que emergía de la bota del tirano trajeran, por fin, prosperidad, justicia y trabajo digno para nuestras familias.

Recuerdo ver a mi madre levantarse día tras día a las cinco y media de la mañana para ir a trabajar. Un esfuerzo titánico, hoy casi impensable, que definía a toda una época, la de un país que quería volver a ser libre como el viento a base de sudor y honestidad. Aquellas fueron las verdaderas mujeres patriotas, porque su patria era trabajar para sacar adelante a la familia, y no el patriotismo de pacotilla que propala VOX.

Por eso, el dolor de hoy es más profundo, porque la decepción es total. Concluidas las jornadas de lucha, lo que vino después fue el desencanto. Aquellos salvadores que venían a cambiarlo todo, demostraron que solo querían que nada cambiase, escudándose cobardemente en la palabra «democracia». Los políticos solo vinieron a repartirse el botín.

Hoy asistimos atónitos, entre la rabia y la vergüenza, a las golferías de un bipartidismo que, lleva décadas alternándose en el poder para saquear las instituciones. Tanto el PSOE como el PP tienen hoy en sus filas más imputados que pelos tiene una peluca. Mientras las familias hacen milagros para llegar a fin de mes, ellos siguen repartiéndose las prebendas y el botín de un sistema que diseñaron a su medida.

Hemos perdido por completo la visión de la realidad. Si antes peleábamos en las calles por un salario digno con huelgas de verdad, de las que paralizaban el país y hacían temblar a los despachos, hoy el panorama sindical da pena. Las movilizaciones actuales son «de juguete», coreografías, que jamás van a recuperar la dignidad sindical.

En lugar de velar por el bienestar del ciudadano, PSOE y PP prefieren tirarse los trastos a la cabeza como «verduleras». Olvidaron para qué fueron elegidos y limitan su estrategia al «y tú más» de toda la vida. Y hacen todo esto en las Cortes, una palabra que en Galicia cobra un significado retranquero y magistral, a «corte» no era un palacio, sino el establo donde se criaba a los cerdos.

A veces, con el corazón en la mano, pienso que me arrepiento de haber corrido delante de aquellas porras. Siento que nuestro sacrificio fue la alfombra roja para que unos cuantos viviesen a cuerpo de rey, enriqueciendose a costa de las y los trabajadores. Pero luego recapacito, no podemos dejar que la podredumbre de los que gobernaron y gobiernan en todas las instituciones de España, manche la nobleza de nuestra lucha. Nosotros cumplimos. Fueron los políticos corruptos los que traicionaron el viento de la libertad.

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