Abogado y periodista
En alguna ocasión lo he contado. Una vez aprobada la Constitución en la primera legislatura de la democracia de la que fui Diputado por Barcelona, el presidente del Gobierno, a la sazón don Adolfo Suarez, disolvió las Cortes y convocó nuevas elecciones generales.
Yo me reincorporé a mi puesto de trabajo como periodista de RTVE, feliz de pensar que había contribuido personalmente al advenimiento de la democracia a nuestro país tras los largos años de la dictadura.
Pero fueron muchos los ciudadanos, gitanos y no gitanos, que me reclamaban la necesidad de que permaneciera en el Congreso de los Diputados. Comprendí que esta oportunidad debía aprovecharla y así se lo dije a Alfonso Guerra manifestándole mi deseo de ser diputado por Cádiz, la tierra donde nací y viví hasta los 23 años en que inicié mi nueva vida en Barcelona.
La respuesta de Alfonso fue decepcionante: “¿Cádiz? Que se te quite de la cabeza. Esa provincia está en manos de Manolo Chaves y él ya tiene hecha la lista de los candidatos al Congreso y al Senado”.
No obstante, La dirección del partido también quería que yo siguiera siendo diputado por lo que al día siguiente me propuso ir de número dos por León. Se lo agradecí sinceramente, pero me negué por mi incapacidad de saber defender los intereses de una tierra para mi desconocida de la que tan solo tenía conocimiento de que estaba llena de minas.
La misma razón por la que decliné el ofrecimiento de ir el número cuatro en la lista al Congreso por Valencia. Pero he aquí que cuando faltaban horas para cerrar las listas en toda España, Carmeli Hermosin, mano derecha de Guerra, me llamó entusiasmada para decirme que esta vez no podía negarme porque Alfonso había logrado que yo fuera el número dos de la candidatura del PSOE por Almería. Y así empezó mi aventura política en Andalucía.
Diputado por Almería
Tierra difícil para la izquierda española. En todos los periodos históricos en los que se habían celebrado elecciones en Andalucía, los partidos de izquierda, o de centro izquierda, siempre han sacado mayoría en siete de sus ocho provincias, menos en Almería donde siempre, sin excepción, siempre había ganado la derecha.
Acepté la nominación y en aquellas elecciones, las primeras legislativas de enero de 1979, el partido socialista sacó dos diputados –Joaquín Navarro Esteban y yo–. Y cuatro años más tarde, en 1982, volví a repetir escaño por Almería hasta 1986. A partir de ahí mi actividad parlamentaria la desarrollé en Bruselas y Estrasburgo,
Han sido ocho años de vivencias políticas en Almería acompañado esta vez por mi entrañable amigo y compañero José Antonio Amate Rodriguez con quien compartí la ilusionante tarea de recorrer los 103 pueblos y municipios de aquella hermosa provincia por cuya capital no se pasa. Para verla hay que ir.
Tras el pavoroso incendio de Los Gallardos
Quiero y amo tanto a Almería, a sus pueblos y a sus gentes que he sentido el pavoroso incendio de Los Gallardos como si sus consecuencias hubieran afectado a mi propio domicilio. Por esa razón, mi envejecida memoria, se conmueve en el recuerdo de tantas vivencias personales como he compartido en aquella tierra.
Siendo diputado por Almería luché denodadamente hasta conseguir que Iberia estableciera una línea aérea entre la capital y Sevilla. Y sentado en mi escaño de representante de los almerienses, viví la entrada y el secuestro de la Cámara por el coronel Antonio Tejero. Ser diputado por Almería me permitió, antes de que España y Portugal entraran a formar parte de la Unión Europea, representar a nuestro País en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de la que sigo ostentando el título vitalicio de miembro parlamentario.
El baúl de los recuerdos de mi vida personal en Almeria está repleto de momentos inolvidables que me hacen reconocer que los ocho años que pasé en ella, con momentos de euforia y otros de compungida tristeza, han sido los más felices de mi vida.
Pero el fuego destructor ha sido como una maldición para aquella tierra. Los Gallardos, Huercal-Overa, Pulpí, Albox, Tabernas, son escenarios de mis desplazamientos que no quisiera ver rodeados por las llamas. 7.000 hectáreas quemadas en un perímetro de más de 40 kilómetros suponen un escenario apocalíptico.
¿Y los animalitos qué?
Comprendo que ante una tragedia como es la de tantas personas muertas y desaparecidas los medios dediquen su tiempo y sus espacios a informar a la ciudadanía y a los afectados de cualquier novedad relacionada con ellos. Pero yo me he preguntado desde que saltó la noticia del incendio: ¿y de los animalitos nadie se ocupa?
Gracias a Dios acabo de saber que hay una organización preparada para registrar a los ciudadanos dispuestos a realizar batidas de búsqueda y que la Guardia Civil, han desplegado un operativo para rescatar y atender a la vez que reubicar a los animales afectados por el incendio.
Que el Dios de los animales (que es el Mismo que el nuestro) se lo pagará.