Pagar la fiesta, aplaudir la comedia y pedir perdón por pensar

Permítanme el lujo, ilegal o no, según el Real Decreto que aprueben este martes, de seguir pensando por mi cuenta y, si la autoridad no lo impide, decir lo que pienso en voz alta. Porque con estos nuevos tiempos que avanzan a paso de carga, resulta que la única herramienta de gestión pública verdaderamente eficaz es una lupa de aumento colocada directamente sobre la maquinaria del fango.

Esa maravilla de la ingente ingeniería política le funciona hoy de cine tanto a Pedrito como a un tal Alberto. Exactamente igual que en su día le funcionaba a aquel M. Rajoy que solo conocía «de vista» a su entrañable amigo Luis, el de la fortaleza de ánimo.

Ahora que la sangre amenaza con llegar al río por el delito de alta traición que supone emitir una opinión sin sello oficial, esa bendita lupa ya no sirve para ver mejor, sino para cegarnos a todos con la polarización. Pretenden convencernos de que tener criterio propio es una variante inédita del COVID, o que el cambio climático tiene la culpa absoluta de que el tren llegue tarde, de que suba el pan y de que se nos corte la mayonesa. Que el cambio climático existe, claro que sí, pero tendrá las culpas justas; no hace falta atribuirle también la mala suerte en el juego.

De ofensas, bajas y la cultura del mínimo esfuerzo

Permítanme la osadía de seguir escandalizándome por aquello que insisten en empaquetar como «progreso normalizado» cuando no hay por dónde cogerlo. Hoy en día, un hombre no puede dar su parecer sobre cualquier minucia cotidiana sin arriesgarse a ser tipificado de machista por la vía rápida. Y el jefe, sea del color político que sea o del género con el que decida identificarse al sonar el despertador, tampoco anda muy seguro si se le ocurre hablar más de la cuenta, no vaya a ser que algún empleado se me ofenda y decida acogerse de inmediato al catálogo de nuevos derechos laborales.

La gloriosa cosecha que nos espera

Es verdad que a más de uno se le hace un nudo en la garganta al imaginar a Alberto el del abrazo al Apóstol y a Santiago y cierra España, firmando una investidura a nivel nacional. Pero, por mucho que escueza el supositorio, la «fachosfera» y sus ejércitos de acólitos han dispuesto de años de pedagogía para convencer a los indecisos, a los desmemoriados y a los despistados de guardia.

Cuando por fin llegue la tan ansiada cosecha electoral, puede que los campos de España se tiñan del verde oscuro del Geo y del azul de la gaviota, dejando apenas un parterre residual para el rojo de Sánchez e interminables parcelas para la paleta arcoíris de una izquierda que ha volcado más talento y energía en fragmentar el voto por identidades, etiquetas e hijuelas, que en unir a la gente de a pie. Votantes de todas las razas, credos y orientaciones… estas últimas, por cierto, cada día más minuciosas y creativas. Se diría que ya no saben qué subcategoría inventar para mantener al pueblo bien dividido, que al final es el único idiota que paga la fiesta.

El ruedo ibérico y la trampa del tendido

En esta corrida de toros en la que nos han metido de espectadores sin pedirnos entrada, senadores y parlamentarios se acomodan el culo en el tendido de sombra. La cuadrilla la forman los políticos de bajo perfil, o sea, los lame botas, al pueblo pan y toros, somos los aplaudidores de los vividores políticos, o sea, los teloneros que aplaudimos a la terna compuesta por Alberto, Sánchez y Santiago  

Déjennos seguir diciendo lo que pensamos sin que una panda de iluminados pretenda imponernos el silencio por la vía de la paliza. Recientemente se ha vivido el lamentable episodio contra un conocido periodista, agredido por hablar sin relatos, sino con datos, lo que lo ha convertido en blanco de quienes nos quieren imponer su “idea” a fuerza de palos, esta situación ya la sufrió este país en los años treinta culminada con la contienda civil y luego la muerte en las cunetas.

Y por esa senda, con todo el respeto del mundo, no pasa ni Leo Messi.

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