Embarcarse con el táper de tortilla entre las rodillas y la suegra marcando el compás a babor es un ejercicio de pedagogía cívica de primer orden. Con el «Caneiros en familia», el Ayuntamiento de Betanzos con su Alcaldesa al frente, insiste en edulcorar el ambiente antes de que irrumpan los días grandes de San Roque, albergando la piadosa ilusión de que las nuevas generaciones aprendan a entonar la Rianxeira con unción de coro parroquial y, a ser posible, sin bañar en mosto peleón al de la embarcación colindante.
Estamos, en efecto, ante una loable campaña de alfabetización romera. Casa Consistorial mediante, se nos recuerda que existió un siglo donde la parroquia subía a Os Caneiros a dar cuenta de la empanada de bacalao, escuchar el punteo de los gaiteros y cruzar miradas de soslayo a la sombra de la carballeira; todo ello sin la perentoria necesidad de transformar el cauce del Mandeo en las Termópilas del calimocho.
Que cunda el ejemplo, pues. Apuntémonos a la diplomacia del mantel de cuadros, al civismo de cabotaje y al trago medido. Para la bacanal pagana y el tinte de vino en la camiseta ya habrá margen cuando el calendario decrete la jira oficial. De momento, que la paz reina sobre el río… mientras el cuerpo, la mesura y la Policía Local aguanten el tipo.










