Ceuta, el tanque de Twitter en la valla y D. Pelayo vestido de GEO

Las y los gallegos, por pura supervivencia histórica y climatológica, no todos, hemos desarrollado un sexto sentido para detectar cuándo alguien le está vendiendo humo envuelto en gran solemnidad. Si a un paisano de cualquier aldea le vienen diciendo que el próximo 15 de agosto va a haber una invasión, lo más probable es que mire al cielo, se ajuste la boina y pregunte: «¿Y eso va a ser antes o después del Telediario?».

Hemos contemplando con pasmada fascinación la última cruzada de la política nacional con motivo de la situación en Ceuta y Melilla. Un espectáculo donde el gallego que ni sube ni baja, Alberto Núñez Feijóo y vasco Santiago Abascal, con especial énfasis en el segundo, que no pierde ocasión de vestirse de Don Pelayo de los GEOS, andan frotándose las manos como quien espera la llegada del camión del pescado para ver si hay marejada.

Escuchando la vocería de la oposición, uno casi tiene la tentación de imaginar la solución de Santiago Abascal para el problema fronterizo. ¿Cómo se detiene una marea humana, señoría? ¿Poniendo dos tanques Leopard a la orilla del mar, tres ametralladoras en la línea de playa y electrificando la valla a diez mil voltios para que quien la toque quede como un bacalao?

Hombre, por poder, en las redes sociales todo es bien sencillo. En Twitter (o X, como le dicen ahora los modernos) los tanques no gastan diésel, el Derecho Internacional no molesta y el Convenio Europeo de Derechos Humanos lo tiene Abascal apalancado en el rocho de su casa. Pero a la hora de la verdad, cuando uno tiene que poner un pie en la realidad, surgen esas pequeñas minucias legales que hacen que uno se pregunte: «Bueno… ¿y ahora qué?».

Decir que se va a solucionar un problema geopolítico complejo con cuatro gritos y dos tuits es como pretender arreglar el motor de un tractor dándole dos golpes con un palo de castaño, queda muy vistoso delante de los vecinos, pero el tractor sigue sin arrancar.

Dice la teoría que, ante una emergencia nacional, cuando lo que está en juego es la integridad del país y el control de las fronteras, los partidos de Estado deberían arrimar el hombro. Pero en España la tradición es bastante más patriótica, arrimar, sí, pero el ascua a la propia sardina, no vaya a ser que la del vecino se ase mejor.

Mientras en Rabat sonríen al ver cómo la política española se divide en dos bandos irreconciliables por cada movimiento en el espigón, aquí la prioridad es ver quién llama más fuerte «traidor» a Pedro Sánchez o quién consigue más likes denunciando una invasión inminente, propalando bulos en redes sociales para arañar algunos votos. Lo de sentarse a discutir acuerdos bilaterales, diplomacia con la Unión Europea o refuerzos policiales con cabeza y presupuesto ya se deja para cuando no haya cámaras delante, es decir, para nunca.

Se dice que el 15 de agosto puede haber nuevos intentos de entrada en Ceuta y Melolla. La Guardia Civil trabaja, la ciberseguridad vigila los bulos y las redes hierven. Pero nuestros líderes políticos han preferido la verborrea rápida. No buscan resolver la crisis; buscan el sonido fácil de una notificación en el móvil, la frase contundente para el telediario de la noche, a foto con cara de preocupación patria, las casi lágrimas abte las cámaras de TV, y cuando ven un micrófono en directo, dan con las patas en el culo corriendo a decir la primera tonteria que se les viene a la cabeza.

Al final, como diría cualquier sabio de nuestra querida Galicia, tierra de figuras tan «dispares» como Feijóo, Fraga, Rajoy o Franco, pero también de ilustres como elPremio Nobel Camilo José Cela, Castelao, Valle-Inclán y Emilia Pardo Bazán, o de políticos como Pablo Iglesias, Pedro Madruga, Montero Ríos, José Canalejas, Casares Quiroga, entre un largo etcétera, la conclusión es evidente. Reitero lo de sabio porque los gallegos, aunque no todos, atesoramos una sabiduría especial moldeada por la retranca. Tras presenciar los debates parlamentarios o leer en redes sociales tanto exabrupto, el sentir generalizado es claro: «En España hay mucho cacique con ganas de mandar, pero muy poco soplete para arreglar la gotera». Y mientras sigan jugando a ser dioses desde la barra del bar digital, en Ceuta y en el resto de España, seguiremos esperando a que aparezca, al menos por un día, alguien con auténtico sentido de Estado. Que ya va siendo hora

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