Hay días en los que uno esperaría que la actualidad política nos diese un respiro, pero no; el juez Peinado ha decidido que su guion para este verano no podía ser aburrido. Y así, de repente, ha dejado a todo el mundo, especialmente al PP, con el pie cambiado, con el culo al aire y mirando al horizonte preguntándose si se han perdido alguna temporada de Misión Imposible.
Que un juez escriba en un auto que la mujer del presidente del Gobierno podría fugarse con la ayuda de sus escoltas policiales es, por decir algo fino, un argumento que no se sostiene ni en la mejor de las comedias de enredo. La idea de que la mujer del presidente pueda salir de España en el maletero de un coche al estilo Puigdemont, con gabardina y gafas de sol mientras sus escoltas miran para otro lado… en fin, el papel lo aguanta todo, pero la realidad tiene mucha más guasa.
El caso es que esta maniobra le ha estallado en la cara a quien pensaba que el desgaste del PSOE por el asunto Zapatero y otras historias era un camino de rosas hacia La Moncloa. Pero mira tú por dónde, el tiro ha salido por la culata y le has explotado en «os fuciños». Esta situación grotesca ha conseguido lo que no hicieron años de debates parlamentarios, (debates parlamentarios, por ser elegante); que la ciudadanía, que estaba en un letargo propio de una siesta de domingo, despierte y ponga cara de estupefacción.
El «efecto bumerán» contra Isabel Díaz Ayuso y el Partido Popular es tan evidente que se siente en el ambiente. Por mucho que las redes sociales echen humo, la gente tiene ojo clínico y, a estas alturas, ya no nos venden la moto tan fácilmente. Las formas de pensar han cambiado, porque una cosa es la política y otra muy distinta es que nos tomen por tontos.
Los que llevamos años esperando para votar en libertad, y valoramos esto más que cualquier polémica de bar, sabemos cuál es el único manual de instrucciones para llegar al poder: las urnas. Eso es la democracia. Vas, votas, y si te equivocas, tienes cuatro años para meditar, aprender y, si la vida quiere, rectificar. El resto son cuentos de viejas y juegos de trileros que no llevan a ninguna parte.
Mientras tanto, los medios mermeleros untandos con dinero público, intentan remendar la situación, en su fuero internos, los periodistas saben que Peinado la ha cagado. Están ahí, calladitos, en plan «aquí no pasa nada», guardando un silencio sepulcral porque, si no se habían dado cuenta, ya se les ha visto el culo pelado. Cuando la estrategia falla, lo único que queda es mirar para otro lado y esperar a que pase el temporal. Pero, como decimos por Galicia: «non hai néboa política que tape a realidade cando esta se volve tan grotesca». (No hay niebla política que tape la realidad cuando esta se vuelve tan grotesca)
En definitiva, si Peinado buscaba hacer un servicio a la causa, lo que ha conseguido es que la política española parezca ahora mismo un mal capítulo de serie de televisión. Eso sí, al menos entretiene, aunque sea a costa de no dejar títere con cabeza.
Mañana, lunes, será otro día, pero hoy luce un sol de carallo. Unha de polbo, viño do Ribeiro tinto en taza e uns callos. É domingo de gloria para o PSOE.