Entre el Orgullo y la procesión: crónica de una incoherencia anunciada

En este país, cuando el verano empieza a apretar, a algunos les da por ponerse la camiseta del Orgullo como quien se pone un traje de nazareno para la Semana Santa: con mucha solemnidad y, a veces, con la misma convicción que el que va a misa a ver si el vecino lo ve.

Ayer nos han regalado un espectáculo de variedades que, ni en los mejores tiempos del teatro de revista. El protagonista, Jaime de los Santos, ha tenido un día movidito en redes sociales. Después de que le cayera la del pulpo por parte de María del Mar Sanchez Sierra, custodia de lo que se dice en el PP, no parece estar por la labor de tragar con ciertos «autoproclamados» que escandalizan a las beatas de su propio partido..Esta mañana para enmendar la boutade de ayer acudió a la «tele amiga» a recitar la letanía que le mandaron estudiar desde Génova. Y claro, el resultado fue el que fue, un papelón que le salió regular.

Porque claro, ahí estaba Víctor Gutiérrez, el diputado del PSOE, para darle un repaso de ética y política que le dejó el traje de estreno hecho un cromo. Gutiérrez, que de esto sabe un rato, le puso frente al espejo de las contradicciones: una cosa es decir «soy maricón y del PP» y otra muy distinta es apoyar (o abstenerse, que para el caso es lo mismo) ante leyes que deberían ser el ABC de la decencia, como la penalización de esas «terapias» que tienen de terapéutico lo que yo de astronauta.

Pero no se preocupen, que la coherencia es un concepto que en el PP se mide con otra vara. Jaime de los Santos ya ha confirmado que, después de ir de gira por toda España a través de la televisión, encabezará la delegación del Partido Popular en la manifestación del Orgullo de este próximo 4 de julio.

Es una imagen potente, no nos engañemos: la procesión del PP marchando por Madrid. Habrá que llevar paraguas, porque la lluvia de críticas y la tormenta de incoherencias va a ser de órdago. Resulta fascinante esa capacidad de algunos para desfilar por la mañana defendiendo unos derechos que, cuando llega la hora de votar en el Congreso, les da un arrebato de timidez y prefieren abstenerse.

Porque ya saben lo que dicen: en este país se puede ser de todo, incluso un «maricón a cielo abierto» dentro de un partido que vive en el sótano de los derechos sociales. Eso sí, lo de caminar recto y coherente, que lo dejen para la procesión, que es más estético y no mancha tanto el expediente.

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