Sombra y asombro, de Miguel Peiró, nace como una necesidad del autor por reivindicar la belleza y el misterio como pilares fundamentales de la ciencia y, a su vez, para liberarla de las cadenas del utilitarismo y el dogmatismo imperantes en la actualidad.
Este libro no solo pretende acercar la ciencia a todas las personas desde el punto de vista del asombro, sino también impulsar al lector a sumergirse en los innumerables misterios que aguardan para ser descubiertos por cada mirada. En definitiva, pretende mostrar la ciencia como algo bello, asombroso e incierto y alejarla de la visión que la presenta como la disciplina cerrada, inflexible y calculadora que todos conocemos.
Con matices literarios y de filosofía de la ciencia, esta obra de divulgación se centra en tres temas fundamentales: la complejidad, la relatividad y la física cuántica, y una lúcida crítica a la forma en la que se enseña la especialidad. Peiró muestra de forma sencilla y didáctica el sinsentido que supone aproximarse a la ciencia esperando encontrarse un mundo de certezas, como si todo lo que nos rodea fuera material conocido y comprensible, cuando el motor del conocimiento es justamente lo contrario, el excitante choque con todo cuanto se ignora.Un libro pensado para asombrar a los amantes de la ciencia, y para reconciliar y transformar a aquellos que la temen o se sienten abrumados por su aparente complejidad.
La ciencia no es la religión del eslogan «demostrado científicamente», no es un arma de la razón calculadora y controladora que busca borrar el disenso y la crítica, no es un trono desde el que predecir moralmente el futuro. La ciencia es un impulso para experimentar que en cada mirada se esconde una infinidad de posibilidades de transformación de lo que es mirado y una miríada de posibilidades de transformación
de la persona que lo mira. Porque en todo aguarda la belleza a la espera de que se retire el velo que suavemente la cubre, una mirada que la descubra. La ciencia nos ha enseñado que ese velo está sostenido por la tensión que brota entre la luz y la sombra, entre lo conocido y lo desconocido. Proust decía que el verdadero descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en mirar los mismos con
nuevos ojos, para percibir esa tensión de lo oculto, para intuir ese misterio que aguarda. La ciencia es una forma, entre otras, de potenciar esa tensión necesaria, porque ella brota del misterio inherente a la propia existencia, y porque ella nos muestra ese espacio desde el que contemplar el juego entre lo visible y lo invisible, entre lo creíble y lo increíble. La ciencia nos acerca a la belleza en la medida en que nos muestra el misterio y en la forma en que somos capaces de entregarnos
a él. Y el misterio, como decía Einstein, es la cuna del arte y la ciencia verdaderos.
Sin embargo, es poco común que nos entreguemos a ese desconocimiento que toda la realidad que nos rodea posee. Entregarse significa arrojarse y dejarse abrazar por el misterio de la naturaleza del que la ciencia y la belleza van cogidos de la mano. Vivimos con una tendencia cada vez más creciente a alejarnos de sensaciones y reflexiones que, de tenerlas en cuenta, cambiarían de forma irremediable nuestra
comprensión del mundo. ¿Por qué nos negamos de forma constante esa posibilidad de transformación?, nos preguntan el arte y la ciencia, la filosofía y la matemática, la sombra y el asombro. ¿Por qué habéis olvidado que en un solo instante y en una sola mirada, incluso sobre el objeto más cotidiano, se mezclan una infinidad de realidades que nos susurran lo asombrosa que puede llegar a ser la naturaleza? Tenemos que recordar, o como nos enseña su etimología re-cordari, volver a pasar por el corazón, el mensaje profundo de la ciencia.
Miguel Peiró (Madrid, 1984) es Doctor en Física de partículas y Cosmología por la Universidad Autónoma de Madrid y Experto en Comunicación Pública de la Ciencia por la misma universidad. Trabajó como investigador en temas relacionados con el problema de la materia oscura en el universo en el Instituto de Física Teórica (CSIC/UAM) donde realizó la tesis doctoral. Es fundador y director de La Academia Arte y Ciencia, un espacio multidisciplinar que acerca el conocimiento del arte, la ciencia y las humanidades aun público general. Actualmente, es colaborador del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza donde explica la ciencia a través de obras de arte, es ponente de la escuela Wander de Soulsight cuyo propósito es acercar la ciencia, la filosofía y el arte al contexto empresarial, y es colaborador de la sección cultural «El Grito» de El Confidencial. Miguel además participa en multitud de programas, cursos, charlas, mesas redondas, etc., organizados por entidades tanto públicas como privadas.