El templo gastronómico de las 41.000 tortillas…

Viajero y cronista gastronómico

En un día delicioso de invierno del noroeste galaico, día que parece primaveral por este Sol que nos regala la vida, no apetece otra cosa que disfrutar comiendo uno de los iconos gastronómicos de España, la tortilla de patata, en una terraza mirando el mar…
y para ello me persono en un bar-cafetería tradicional, marinero en esencia, frente al puerto y al mar, como así se denomina el establecimiento y me atiende primorosa y génerosa su ‘alma mater’ Natalia Santiago Ramos.
Siempre dispuesta, siempre bregando, siempre activa pero nunca dejando de sonreír y atender bien al cliente.
-No sé cómo puede haber gente joven, madura, en edad de trabajar, que esté inactiva voluntariamente, con excusas para no trabajar, porque yo no paro ni un minuto-, me comenta Natalia, mientras me empaqueta para llevar una deliciosa tortilla de las suyas ¡que hace el número 41.000 y pico cocinada por ella misma!…
-… Y prueba esta otra de tortilla de chorizo con cebolla que acabo de sacar de la sartén…, a ver qué te parece-, regalándome un segmento circular de otra tortilla, que luce como una joya de artesanía culinaria en su famoso mostrador con contador de tortillas, digno del récord Guinnes.
-¿Te presentas al Campeonato de Galicia de Tortilla de Patata y después al de España?
-No tengo tiempo, lo siento porque me gustaría, pero no tengo un minuto de descanso-, confiesa, sin dejar de atender al público.
Hay personas comiendo en las mesas sus tortillas.
Entra en el bar una chica moderna, muy estilosa, yuppie, seguramente de los despachos, organismos u oficinas de esta zona tan comercial y burocrática, y ya solamente con el cruce de mirada Natalia entiende que viene a comer y le dice
-¿Lo de siempre?
-Si, por favor, con una cerveza en botella.
Un rito repetido más de 40.000 veces.
Por aquí pasan jueces, abogados, administrativos, armadores de buques (un amigo mío, armador del Playa de Dunas, gran barcazo de Corrubedo, vive encima justo del bar, cliente de toda la vida), personal y usuarios de la funeraria colindante, marineros, transportistas, grupos de amigos, y cientos de familias que llevan las tortillas de Natalia, bien encajada la vianda en aluminio y cartón, para comerlas tranquila Y cómodamente en sus casas, una legión de saboreadores de esta sencilla exquisitez.
La tortilla española es mucho más que una receta; es un monumento culinario a la sencillez, un abrazo dorado de huevo y patata que trasciende la mera nutrición para convertirse en la seña de identidad de una nación, de España.
La primera tortilla mundial está datada, creemos, por el año 1550 documentalmente.
Nacida probablemente de la necesidad campesina y el ingenio de la cocina humilde en el siglo XVI, ha evolucionado para reinar tanto en la mesa familiar más humilde como en la alta gastronomía.
Ahora mismo existen Campeonatos de este manjar que califican su sabor e influencia en nuestra alimentación.
La versatilidad atemporal de la tortilla española, ahora muy de moda, rabiosa y pujante la fórmula nacida hace 55 años aproximadamente en una cocina de leña en la aldea de Coirós, Betanzos, La Coruña, Galicia, es capaz de vestir de gala un desayuno, almuerzo o cena, convirtiéndose en el «salvavidas» sabroso de la dieta de España, y apreciada en el mundo al ser exportada por las cadenas hoteleras españolas por todo el orbe.
Porque nuestra tortilla es ya un icono social. Es el hilo invisible que une a los españoles, el pincho ineludible en los bares y el plato insignia que se comparte en reuniones familiares y celebraciones.
Imprescindible por siglos en nuestra dieta con su equilibrio nutricional, aporta una base de proteínas y energía esencial, siendo un plato energético que transformó la patata americana de origen, la batata, la papa, en un pilar fundamental de la alimentación popular europea y mundial.

En definitiva, la tortilla de huevos, aceite, sal y patatas representa el arte de crear grandeza con lo mínimo, un triunfo de la cocina de cercanía casera y familiar que, ya sea poco hecha estilo Coirós, o más cuajada para plato o bocadillo, se mantiene como un símbolo inquebrantable de la cultura española.
«Yo me lo guiso (Natalia), yo me lo como» (Carlos, admirador de la tortilla de Natalia, entre otras también maravillosas).
No existe otra solución mágica para alegrarte el día (como diría Clint Eastwood) que comenzarlo con un buen café con leche y un pincho de tortilla española, o una buena tapa como las de las fotos, para tener la fuerza y alegría tal cual la pócima mágica de la druida Natalia como la de Astérix en la aldea gala del Café Bar Puerto Mar.
Deseo que os haya gustado la crónica y recrearos en las fotos del reportaje de esta famosa tortilla milenaria en número de unidades y no dejéis de acercaros a probarla o pedirla a Natalia por teléfono para casa, por sugerencia mía y de 21noticias.com.
¡Salud y buen provecho, estimados lectores!

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