No deja de ser una estampa fascinante, casi digna de un retablo barroco, la fotografía de un alcalde que camina con el paso firme de quien se cree libre de pecado, a pesar de que la justicia terrenal vea en su conducta «indicios fundados de criminalidad». Hay que reconocerle el mérito: buscar cobijo bajo el palio de la fe cuando los tribunales ya han dictado que existen pruebas «suficientemente determinadas» para ejercer la acción penal, no es solo estrategia, es casi un milagro de la jeta política.
Bien sabemos que la Iglesia tiene por santa misión el perdón universal, pero no es menos cierto que la misericordia divina parece fluir con una alegría especial cuando el regidor de turno es generoso con las arcas parroquiales. Ya se sabe: quien bien reparte para la Iglesia, bien se garantiza un sitio en la procesión.
Es una fotografía de manual, de esas que se estudian en las facultades de ciencias políticas y en los confesionarios de urgencia. Aprovechando el misticismo de la Semana Santa y el aroma del incienso, que siempre ayuda a disimular otros olores menos santos, el regidor de Monforte se ha hecho «ungir» por el fervor popular rodeado de devotas del «santo martir». Una redención pública por la vía rápida, escenificada entre tambores y cornetas antes de que hablen los jueces.
Nada como un buen paso de Semana Santa para intentar blanquear una imagen que, por mucho que se empeñen en Monforte, sigue proyectando una sombra muy alargada sobre los juzgados de lo penal. Es la vieja política de la puesta en escena, donde la devoción y la estrategia electoral caminan de la mano y en silencio, demostrando que, para algunos, una foto bajo el palio vale más que mil sentencias y diez mil arrepentimientos.
Fotografía. Concello de Lemos