
La campaña de odio, mentiras y manipulación informativa de la mayoría de los medios, la prensa y la izquierda, es responsable en gran medida del último intento de magnicidio del presidente Donald Trump.
Resulta sorprendente la capacidad de supervivencia y resistencia de Trump, que está haciendo historia con sus acertadas políticas. Un breve repaso nos deja un expediente asombroso. A Trump lo han acusado 91 veces, lo han imputado en cuatro ocasiones, espiaron su campaña electoral, sabotearon su primer mandato, encarcelaron a sus partidarios, allanaron su residencia privada, lo censuraron en muchos medios, incluidas redes sociales, lo amordazaron, intentaron arruinarlo financieramente y trataron de eliminarlo de las papeletas electorales. Cuando todo eso falló, intentaron asesinarlo no una, sino, al menos, cuatro veces. Mientras tanto, los mismos que mintieron sobre el Russiagate y tantas otras mentiras fabricadas para perjudicarlo, siguen haciendo una campaña brutal de desprestigio con acusaciones falsas (como lo de la lista Epstein) y su estado mental, proyectando una imagen caricaturesca y desestabilizando su segunda presidencia con alarmismo y mentiras descaradas. Es esa gentuza, porque ya es hora de llamarla por lo que es realmente, la que tiene la caradura de pedir el voto ciudadano para el Parrido Demócrata en EE. UU y para otras formaciones políticas de izquierda en distintos países para, según ellos, salvar la democracia; una democracia que ellos mismos están hundiendo.
Frente a todos los adversarios y críticos enfermos de odio a Trump, tenemos a sus votantes, que son los trabajadores y la clase media que respeta a Trump por luchar con uñas y dientes por su agenda política y por defender el espíritu y los valores de esta nación. Trump ha expuesto como nadie lo hizo jamás la estafa de la superioridad moral de la izquierda y la prepotencia intelectual de unos medios y prensa vendida a otros intereses que no son los del pueblo, y de aquellos corruptos que han estado robando y engañando a los ciudadanos durante décadas. Por eso, nosotros, la mayoría de estadounidenses lo queremos y los respetamos.
Si esa gente que todavía está inmersa en la manipulación informativa se preocupara de conocer realmente todo lo positivo que ha hecho y hace Trump, aplicando el sentido común, comprenderían que tenemos al mejor presidente de Estados Unidos desde hace décadas. El intento de magnicidio en la Cena de Corresponsales en la Casa Blanca es otro toque de atención para que los ciudadanos no permitan que los políticos izquierdistas, los medios sesgados y manipuladores y los corruptos controlen la narrativa y lo que piensan y opinan: es un toque de atención contra la violencia política que alimentan con sus mentiras y de la cual son directos responsables.
No debemos olvidar nunca que Donald Trump es un brillante hombre de negocios que se apartó de sus propios asuntos y de un retiro bien ganado para salvar a su país de la tiranía y la miseria del socialismo y el globalismo.
El presidente Trump prospera bajo la presión. Nunca te rinde ante la adversidad. Él no necesitaba echarse sobre los hombros la responsabilidad de un país como Estados Unidos. Tenía dinero más que suficiente. Tenía prestigio y una vida de ensueño. En realidad, podría haber pasado el resto de sus días jugando al golf, viajando, viendo crecer a sus nietos y disfrutando de los placeres de la vida de millonario. Pero no lo hizo porque es, ante todo, un patriota íntegro. Lo cambió todo por hacer el bien para su país y sus conciudadanos. Sin recompensas, jugándoselo a una carta presidencial que casi le cuesta todo. Pese a todos los ataques, críticas infundadas y difamaciones, Trump levanta el puño y la cabeza y sigue adelante, luchando contra todos y construyendo una de las mejores presidencias de la historia. Trump ha arriesgado su nombre, su legado, su seguridad, la de su familia y su propia vida. Todo para recuperar los mejores Estados Unidos. Tenemos un presidente extraordinario. Muchos lo sabemos. Otros lo descubrirán dentro de unos años.
Por mucho que intenten matar al presidente Trump, no lo conseguirán porque es un hombre que nunca se rinde y porque todos somos Trump. No podrán con nosotros. Todavía nos queda trabajo por hacer, y lo vamos a hacer sin importar nada más. Por Dios y por Estados Unidos.
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