El autoritarismo aplasta a la empatía en Lugo: Un Policia Local multa a un periodista con movilidad reducida por no llevar la tarjeta original

Lo que comenzó como un día de reconocimiento a la labor humanitaria de la Policía Local de Lugo, ha terminado con un amargo choque con la realidad. Un conocido periodista de la Radio Galega ha denunciado a través de sus redes sociales la sanción impuesta por un agente lucense al estacionar en una plaza reservada a personas con capacidad reducida, utilizando una fotocopia compulsada de su tarjeta de estacionamiento.

El afectado, que tiene una discapacidad del 37% a causa de un cáncer de huesos, relató al agente que llevaba años utilizando este sistema legalizado en su vehículo de trabajo por toda España, sin haber tenido nunca un problema. Sin embargo, el agente lucense aplicó la normativa de forma estricta, la ley exige el documento original. No sé si lo de cobrar más los agentes de la Policía Local de Lugo, les anima a imponer más multas obviando el sentido común, solo pensando en el sueldo de fin de mes. Recuerdo una interpelación que le hizo la ahora Alcaldesa al Gobierno Municipal, si los agentes cobraban más dependiendo del numero de multas impuestas.

Hay una línea muy fina que separa la autoridad indispensable del autoritarismo insoportable. Una línea que un agente de la Policía Local de Lugo decidió cruzar aplicando la ley con una rigidez pasmosa. ¿El «delito»? Que un ciudadano con un 37% de discapacidad, aparcase en una zona reservada usando una fotocopia compulsada de su tarjeta azul en su vehículo de trabajo. Una práctica habitual para evitar el deterioro del original, que le ha servido en toda España, hasta que topó con el celo burocrático de un Policía Local de Lugo.

Tras recurrir la sanción sin éxito, el periodista ya ha abonado la multa, y la lección aprendida, la ley exige el original. Pero lo que no se asimila tan fácilmente es la decepción. Resulta doloroso que en pleno siglo XXI, el Concello de Lugo responda a los recursos con una terminología tan rancia como «minusválido», ignorando conceptos básicos como la diversidad funcional. Al final, el ciudadano pierde el recurso, el Ayuntamiento recauda, el policia se lleva un tanto por ciento y el lenguaje oficial sigue oliendo a rancio . Ganó la norma, pero perdió el sentido común. Como bien dice el afectado: lo que riendo hace daño, llorando se pagará.

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