Ceuta, nuevo exámen de conciencia para Europa

Jesús Antonio Rodríguez Morilla

El vacío legal y el dilema europeo.

Un tecnicismo del Tribunal Supremo determina que la entrada a nado no se considera susceptible de «devolución en caliente». Al ser interceptados en el mar o en la línea de costa sin rebasar una infraestructura física, los migrantes no superan un elemento de contención fronterizo terrestre (como la valla). Por tanto, la ley dictamina que quedan bajo la jurisdicción nacional, con pleno derecho a asistencia jurídica. Esto afecta tanto a quienes logran cruzar como a los miles que lo intentarán en el futuro asumiendo el riesgo de muerte.

Esta situación exige una revisión legislativa y medidas disuasorias materiales para evitar llegadas masivas que conviertan el fenómeno en un problema migratorio crítico para toda la Unión Europea.

Asimismo, existe un profundo dilema político. Bruselas mantiene una actitud pragmática para evitar confrontaciones duras con Rabat, priorizando la cooperación antiterrorista y el control de materias primas clave como los fosfatos. Sin embargo, este equilibrio se tambaleará cuando la presión migratoria obligue a Europa a reevaluar su postura.

La estrategia híbrida de Marruecos.

Las persistentes estrategias de Marruecos para obtener objetivos políticos mediante el desgaste y la asimetría negociadora no son ninguna novedad. Su hoja de ruta evita el conflicto bélico directo a través de una guerra híbrida basada en tres ejes:

  • Presión migratoria: Utilizada de forma cíclica como herramienta de negociación.
  • Asfixia económica local: Ejecutada mediante el cierre unilateral de la aduana comercial de Melilla y las restricciones al comercio atípico en Ceuta.
  • Hechos consumados en el mar: Reflejados en la aprobación de leyes internas que extienden su Zona Económica Exclusiva, solapando aguas de soberanía española e incluyendo el litoral del Sáhara Occidental.

Esta postura evoca el conocido proverbio oriental: «Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo».

Geopolítica asertiva y alianzas coyunturales.

De acuerdo con el Real Instituto Elcano, la estrategia de Marruecos hacia España seguirá basada en una geopolítica asertiva. Esta combina la presión en la «zona gris», la diplomacia económica y las reclamaciones territoriales graduales.

El reino alauí reactiva estas herramientas de presión para forzar concesiones diplomáticas. Paralelamente, sus actuales acercamientos a Estados Unidos —aprovechando coyunturas de distanciamiento entre Washington y Madrid— dependiendo de los gobiernos de turno, lo que demuestra un carácter efímero y estrictamente estratégico.

El horizonte de la «soberanía funcional»

Aunque el análisis del presente es más seguro, resulta necesario proyectar el futuro de la estrategia marroquí. En los próximos años, Rabat consolidará un enfoque integral centrado en la «soberanía funcional», estructurado en tres frentes:

  • Espacio aéreo y marítimo: Intentar asumir la gestión técnica del espacio aéreo del Sáhara Occidental, actualmente controlado desde Canarias por delegación internacional.
  • Recursos críticos (Monte Tropic): Disputa por el antiguo volcán submarino rico en telurio y cobalto, situado a 480 kilómetros al suroeste de El Hierro, clave para la transición tecnológica.
  • Ceuta y Melilla: Mantener la histórica reclamación de anexión total, pero ejecutando un plan intermedio. El objetivo real es debilitar la soberanía simbólica de España mediante acuerdos bilaterales continuos. De este modo, la presencia española pasaría a ser nominal mientras Marruecos asume el control operativo y económico real.

Conclusión: Un diagnóstico reservado para el futuro.

La geopolítica puede parecer una disciplina lejana, reservada a los despachos de Bruselas, Madrid o Rabat, pero sus consecuencias se sufren a pie de calle, en las playas de Ceuta y Melilla, y, en el porvenir de nuestras fronteras.

Quien escribe estas líneas, por una mera cuestión de edad, no llegará a ver el desenlace de esta larga partida de ajedrez o emboscadas políticas. No lo sé. Sin embargo, resulta imposible observar el panorama actual con optimismo.

Recordando a un querido amigo médico, ya fallecido, me viene a la mente una frase cuya gráfica e inapelable que él siempre utilizaba cuando observaba una anomalía temprana: “Tiene  mal pronóstico”.

Trasladado al tablero internacional, Europa y España se enfrentan hoy a ese mismo diagnóstico en el norte de África. La estrategia marroquí de desgaste y «soberanía funcional» no es una hipótesis de futuro; es una realidad incómoda que ya está manchando el presente. Si la Unión Europea sigue respondiendo con parches legales, tecnicismos y un pragmatismo complaciente, lo que hoy es un síntoma alarmante mañana será una crisis irreversible. Ceuta ya no solo exige un examen de conciencia; exige dejar a un lado la tibieza política antes de que el diagnóstico sea definitivo.

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