¿Cuánto cuesta cambiar de opinión, Manu Sainz?

Hubo un Manu Sainz que hablaba con abierta preocupación sobre la ruptura social del Deportivo en el año 2019. No se refería a una alineación ni a la falta de un delantero; señalaba algo infinitamente más sensible: la distancia que se abría entre el club y su gente, la desconexión de una directiva que parecía alejarse de la masa social y el desamparo de una afición que se sentía cada vez menos escuchada.

Aquel Manu Sainz lo decía desde fuera, ejerciendo la fiscalización periodística desde la barrera.

Hoy, Manu Sainz está dentro. Ocupa el despacho del director de comunicación del Real Club Deportivo. Y es ahí donde surge la pregunta incómoda, esa que resulta inevitable al contrastar la hemeroteca con su discurso actual: ¿cambió Manu Sainz de opinión o cambió de nómina?

Cambiar de opinión es un ejercicio legítimo, e incluso inteligente, cuando se aportan nuevos argumentos. Lo que resulta difícil de justificar es que el giro conceptual coincida con un cambio de posición en el tablero. Cuando estabas fuera, parecía prioritario proteger el vínculo identitario que convierte al Deportivo en algo más que una sociedad anónima con once futbolistas vestidos de azul y blanco. Preocupaba el abismo entre quienes toman las decisiones y quienes llevan décadas viajando kilómetros, sufriendo descensos, celebrando ascensos y heredando la pasión de padres a hijos.

Ahora, al formar parte de la estructura interna, aquellas preocupaciones parecen haber quedado al otro lado de la puerta.

Quizá existan razones objetivas. Es posible que la perspectiva interna le haya revelado datos que desde fuera desconocía o información que ha transformado sinceramente su interpretación de la gestión del club. Si es así, explicarlo públicamente sería un ejercicio de madurez institucional mucho más valioso que esconder la contradicción debajo de la alfombra. Explicar qué vio desde dentro para que la ruptura social dejara de preocuparle ayudaría a comprender la metamorfosis de su discurso.

Sin embargo, si nada ha cambiado salvo la tarjeta de visita y el puesto de trabajo, el silencio resulta incómodo. Y este debate trasciende a la figura de Manu Sainz: apela a la lealtad de las convicciones cuando se pasa de la independencia analítica a la disciplina de una empresa.

El Deportivo sobrevivió en sus momentos más oscuros porque contaba con el respaldo incondicional de su afición, un sentimiento colectivo que sostuvo al club cuando los números invitaban a bajar la persiana. Se pueden cambiar presidentes, entrenadores, futbolistas y directores de comunicación, pero la masa social no es sustituible.

Por eso las palabras de ayer tenían sentido y por eso llama la atención su tono de hoy. Las hemerotecas no cobran nómina, no ascienden ni reciben directrices; simplemente conservan lo expresado en libertad.

La cuestión no es señalar con el dedo, sino plantear la duda de fondo: Manu, ¿qué cambió? Si la percepción anterior era equivocada, reconocerlo sería un acto de coherencia. Si la visión sobre el club sigue siendo la misma, la duda es aún mayor: ¿por qué ha dejado de enunciarse? Todos tienen derecho a cambiar de opinión; lo peligroso para la credibilidad es cuando el criterio cambia exactamente al mismo tiempo que cambia el empleador.

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