@jsuarez02111977
Donald Trump ya está en la Casa Blanca. Y si alguien en Europa sigue pensando que eso significa seguridad, prosperidad o estabilidad, que se lo haga mirar. Porque Trump no viene a salvarnos, ni a protegernos, ni a reforzar la alianza atlántica. Trump viene a hacer negocios. A llenarle los bolsillos a las empresas estadounidenses. A jugar su partida y a usar a Europa como moneda de cambio.
El tipo ya lo tiene todo atado. Va a pactar la paz en Ucrania, sí, pero a su manera. ¿Cómo? Poniendo a Putin en el centro de la ecuación. Dejando que Rusia marque los términos. No porque le guste Putin, sino porque le necesita. A Trump le importa un carajo Ucrania. Lo que quiere es cerrar ese frente para poder centrar su atención en Oriente Medio y en la gran partida geopolítica.
El plan es brillante y, a la vez, una estafa de manual. Le venderán al mundo la paz en Ucrania como un triunfo diplomático. Como si Trump hubiera llegado para arreglar lo que otros no pudieron. Pero la verdad es mucho más sucia: la paz llegará cuando Rusia se quede con lo que quería desde el principio y Ucrania acepte la rendición disfrazada de acuerdo. Y entonces, cuando la guerra termine, llegará la segunda fase del timo: la reconstrucción.
Porque aquí está la trampa: no habrá paz sin negocio. Todas las grandes empresas estadounidenses están ya afilando los dientes, listas para meterse en Ucrania y convertir la devastación en un negocio multimillonario. Infraestructuras, energía, telecomunicaciones, defensa. Todo será reconstruido, sí, pero por contratistas norteamericanos. Europa, que ha puesto el dinero, las sanciones y la ayuda militar, se quedará mirando.
Putin gana territorio, Trump gana dinero, y Europa… bueno, Europa sigue haciendo de idiota útil. Siguiendo órdenes, pagando facturas, aplaudiendo discursos vacíos sobre democracia y valores mientras le meten la mano en el bolsillo y la cabeza en la arena.
Pero hay algo más. Porque este no es solo un juego entre Estados Unidos y Rusia. Falta un tercer jugador, y es el que realmente importa: China.
Mientras Trump y Putin reparten Europa, China sigue avanzando sin hacer ruido, comprando empresas estratégicas, asegurando recursos y cerrando acuerdos comerciales en África, Asia y Latinoamérica. China no necesita invadir países ni montar guerras para ganar terreno. Le basta con poner el dinero y esperar a que Occidente se hunda en su propia soberbia.
Si Europa no despierta, si sigue arrodillada ante Washington, lo único que le espera es el papel de títere sin soberanía. Pero hay otra opción. La única salida realista es empezar a mirar hacia Pekín. No porque China sea la salvación ni porque el régimen de Xi Jinping sea un modelo deseable, sino porque es la única manera de equilibrar la balanza.
Europa tiene dos caminos: ser el perrito faldero de Trump o jugar sus cartas con inteligencia y acercarse a China para ganar margen de maniobra. Pero para eso haría falta una Unión Europea con cojones, con estrategia, con un plan real para no ser devorada por la historia. Y lo que tenemos, de momento, es un continente de burócratas que ni siquiera saben en qué dirección están caminando.
Así que, como siempre, la pelota está en el tejado de Europa. O se mueve, o se resigna a ser un simple decorado en la guerra de otros.