«Chao, pescao»: la ligereza de Ayuso tropieza con la retranca gallega de Feijóo

Como bien sabemos por estas tierras glaucas, cuando un político dice que un asunto está «cerrado y zanjado», es justo cuando empieza el verdadero espectáculo. La frase de la semana, ese categórico y desenfadado «chao, pescado» pronunciado por Isabel Díaz Ayuso para dar por finiquitada la polémica sobre el ático, resuena en los pasillos de la política estatal con el mismo eco que un «ya si eso lo hablamos» dicho en plena feria.

La reacción en Génova no se hizo esperar, y el estilo retranqueiro de una persona nacida en el rural gallego de Alberto Núñez Feijóo, volvió a mostrar las tablas del oficio, mandar el recado, poner distancia y recordar sutilmente que el Gobierno regional debe dar las explicaciones pertinentes sobre por qué se adquiere un ático si no puede destinarse a oficinas. Aplicando al pie de la letra la clásica máxima de Pío Cabanillas, «¡Al suelo, que vienen los nuestros!» la dirección nacional del PP parece tener claro que es mejor resguardarse antes de que salpique la lluvia ajena.

La maniobra tiene su retranca. La ofensiva de la oposición sobre temas de calado territorial, como la situación en Ceuta, se perfilaba como el gran ariete contra el Ejecutivo central. Sin embargo, entre áticos, licencias y despedidas marineras, el foco mediático dio un giro de 180 grados. El Gobierno de Pedro Sánchez ha encontrado en esta ligereza verbal y en las discrepancias de la derecha un inesperado balón de oxígeno, que ni sus mejores asesores habrían diseñado para este tramo del curso político.

Y mientras en Madrid discuten si el pescado está vendido o si el ático tenía papel de oficina, la ciudadanía contempla la escena con la retranca habitual, sabiendo que, digan lo que digan y se pongan como se pongan de perfil, la cuenta de la fiesta casi siempre la acaba pagando el mismo de siempre, los ciudadanos con sus impuestos.

Viñeta de Sir Cámara

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